Investigación: Covers originales (parte I)

Bastardeado por algunas voces, endiosado por otras, el cover es una figura muchas veces polémica. En su versión más burda puede tomar la forma de un “tributo” a un conocido cantautor guatemalteco en una cena-show de un bar porteño, o la de un imitador de John Lennon que circula armado por los camarines del teatro Gran Rex, porque piensa que la CIA viene por él. Su versión más elevada se parece más a un disco homenaje a los Ramones en donde U2, Metallica, Tom Waits, los Red Hot Chilli Peppers y otra decena de artistas se apoderan de las canciones de la banda punk neoyorquina y las interpretan con su propio estilo. 

Bien hecho, un cover puede traer enormes beneficios para la carrera de las personas que dieron a luz la canción, las que la interpretan, los sellos que las editan y difunden, el público… y por supuesto, la canción misma, que muchas veces sube varios escalones en calidad, no solamente en popularidad. 

A modo de antecedentes de la expedición Tierra Fértil, hay algunos proyectos de reversiones interesantísimos tanto por su génesis, por los resultados que lograron, o por la historia que encierran (o simplemente son algunos de nuestros discos o temas favoritos y —como a todo amante de la música— nos gusta hablar de ellos y recomendarlos). 

Otras Canciones (A77aque)

¿Pueden una cumbia, un tema folk rock, un tango, dos hits ochentosos y otros doce o trece puntos de partida igualmente disímiles fusionarse en uno de los mejores discos punk de la historia? 

Evidentemente sí. Con este álbum la banda logró resultados insólitos, como que mucha gente que nunca escucharía a Gilda (o no lo admitiría) cante sin vergüenza No me arrepiento de este amor, darle a La Colina de la Vida de León Gieco un power impensado, o mezclar en un mismo track a dos bandas “rivales”, como decía la opinión popular de ese momento lo eran Soda Stereo y Los Redondos.

Un disco impecable de punta a punta, que sigue vigente a más de 20 años de haber sido editado. 

Enlace a Tidal, Spotify, Apple Music

NOFX / Rancid (BYO Split Series Volume III)

Siguiendo con el hilo punk, este disco es una de las cosas más particulares que se hayan visto en el mundo discográfico. El sello californiano BYO, luego de dos volúmenes anteriores, encara una negociación con el bajista y cantante de la banda NOFX —también de California—, proponiéndoles hacer un split

¿Qué es un disco split? En una época en donde el acceso a las radios y televisión estaba muy restringido para los sellos pequeños y artistas independientes, una banda se juntaba con otra y hacían un split (“partido” o “dividido” en inglés), poniendo mitad de canciones de cada banda con la idea de abaratar costos de fabricación y distribución y de hacer un poco de publicidad cruzada.

El planteo original fue de hacerlo con Lagwagon, pero NOFX lo rechaza por ser una banda demasiado cercana a su círculo. “Consigan a Rancid y tenemos un trato”. 

Y acá es donde la historia se vuelve realmente interesante: alguien propone que en vez de registrar canciones nuevas, NOFX grabe 6 canciones de Rancid y Rancid grabe 6 canciones de NOFX. 

El resultado es espectacular y ofrece una escucha muy entretenida. 

Dato: algunas ediciones del disco arrancan con los temas de NOFX y otras con los de Rancid. 

Otro dato: Un discazo que no está en las plataformas digitales del momento. Sólo Youtube, o bajándolo de esas aplicaciones que ya casi no se usan, o comprándolo si lo conseguís. Más old school imposible.

Girls Just Wanna Have Fun (Cindy Lauper)

Se sabe poco que la canción no es de Cindy —quien, por supuesto, la cantó como nadie y la llevó a la cima—. El productor Rick Chertoff estaba acumulando algunas joyitas que andaban dando vueltas a su alrededor, intuyendo que iban a terminar en un disco para el que aún no había aparecido la voz. Conoció a Cindy a través de un colega y se dio cuenta, como dice en sus propias palabras, que era “la Cenicienta para su zapatito de cristal”. 

En vez de mostrarle el demo la llevó a ver a la banda de Rob Hazard, el autor, intentando impresionarla cuando viera que todo el mundo perdía la cabeza cuando sonaba esa canción. Manejaron tres horas de ida y tres de vuelta entre Nueva York y Filadelfia. El viaje de regreso fue un tanto incómodo parece, dado que a ella la canción no sólo no le gustó sino que le pareció un insulto, porque a su entender transmitía un mensaje sexista. Todo el proyecto peligraba. 

Por suerte, con el correr de las semanas él insistió y ella se volvió más abierta a la idea, con el argumento de que si la cantaba una chica y no un hombre, la canción no sólo no era sexista sino que hasta hablaba de liberación y empoderamiento. Y se terminó convirtiendo en un himno feminista!

Valerie (Amy Winehouse / The Zuttons)

Un buen ejemplo de cómo una canción se va transformando encarnación tras encarnación, creciendo y alimentándose de las versiones anteriores. 

Amy es convocada por el productor/DJ Mark Ronson —que había co-producido su disco Back To Black— para colaborar en un disco de versiones. Ella (que, según cuenta Ronson, no escuchaba música posterior a 1967) eligió el tema Valerie de la banda indie liverpoolense The Zuttons, del año anterior (2006). Ronson no pensó que fuera a funcionar, pero se quedó atónito cuando escuchó su interpretación en el estudio. Transformaron una canción rockera pero lenta en un track retro-soul con mucho ritmo.

Lo loco es que, meses antes de que saliera el track oficial del disco de Ronson, ella tocó una versión en vivo en el programa Live Lounge de la radio BBC 1, donde el tema conserva su ritmo lento pero sin lo rockero, acompañada solamente de piano eléctrico, bajo, guitarra, un shaker y coros. ¡Sin el beat característico de la grabación de Mark Ronson!

American IV (Johnny Cash)

Una colección tremenda donde se cruzan el country-folk, un cantante legendario y un montón de compositores traídos de diferentes épocas y lugares. Tiene además la particularidad de ser el último álbum de Johnny Cash editado en vida. 

El productor Rick Rubin (Beastie Boys, Audioslave, Red Hot Chilli Peppers, Adele, Lana del Rey, Linkin’ Park y un largo etcétera) se acercó a Cash a comienzos de los 90’s y le ofreció un contrato —y con él la posibilidad de relanzar su carrera, que estaba enterrada debido a malas decisiones de producción durante los 70’s y los 80’s por su sello de entonces Columbia Records (y también debido a algún que otro problema con el consumo de drogas). Johnny, un poco escéptico, aceptó más que nada porque el productor le ofreció ejercer gran parte del control creativo del asunto. Y así comenzó la colección American Recordings, en 1994.

El proceso inicial para American I fue juntarse a tocar, cantar y contar historias hasta que aparecieran las canciones. Comenzaron con un disco acústico Cash-only, revisitando algunos clásicos de la carrera del cantante y versionando oldies y canciones más modernas. Esta misma fórmula se terminaría de consolidar en la cuarta edición de la saga, la que más alto y más lejos llegó. 

Con invitados e invitadas de lujo como Fiona Apple, Nick Cave, John Frusciante y Don Henley (de los Eagles), American IV: The Man Comes Around contiene versiones buenísimas de los Beatles (In My Life, extra-nostálgica mirando la propia vida por el espejo retrovisor), Depeche Mode (Personal Jesus, sacada de la pista de baile ochentosa y llevada al escenario de un bar), y la que se llevó todos los premios, Hurt (originalmente por Nine Inch Nails). También contiene tres “auto-covers”; nuevas —¿y mejoradas?— versiones de temas propios editados en su carrera temprana. 

En Tidal, Spotify, Apple Music

Redondeamos acá por hoy y seguimos en la segunda parte.

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